A modo de introducción para los lectores, los niños conocidos como “Baby Doe”, se originan a partir de un caso muy bullado en Estados Unidos. En el año 1982 nació un niño con Síndrome de Down, fístula traqueo-esofágica y atresia esofágica, cuya operación oportuna tenía un 90% de probabilidad de éxito.
El obstetra a cargo, al momento de hablar con los padres, minimizó el éxito de la cirugía e hizo énfasis en los problemas asociados al Síndrome de Down y cómo su calidad de vida era deplorable, por lo que los padres decidieron no permitir la operación.
El hospital y los pediatras no estuvieron de acuerdo, e iniciaron un proceso legal para quitarle el derecho de elección de tratamiento a los padres. Tras varios fallos a favor de los padres y sus correspondientes apelaciones, el niño muere a los seis días de vida.
Finalmente, y a raíz de este caso, se dictaminó que es ilegal y discriminatorio suspender la alimentación o el soporte médico de pacientes nacidos discapacitados. Este mandato se basó, curiosamente, en un acata del año 1973, en la que se dice que “ningún individuo calificado como discapacitado debería, sólo por la razón de su discapacidad, ser excluido de participar, prescindir de beneficios, o ser sujeto de discriminación en cualquier programa o actividad que reciba asistencia financiera federal”.
En el año 1984 se aprueba la ley “The Baby Doe Rules”, que condena como abuso y negligencia, más que como discriminación, la no aplicación del tratamiento médico indicado a un niño, cualquiera sea su condición, salvo en los casos de coma irreversible, inutilidad del propio tratamiento o cuando su aplicación sólo postergue indebidamente la muerte.
Pienso que lo que aquí ocurrido es un delito por donde se mire, es decir, el niño ya había nacido, por lo tanto era persona desde el punto de vista legal (imagino que esa ley es compartida con Estados Unidos y no estoy diciendo que antes de nacer hubiese estado bien el no tratar), y se le negó la posibilidad de vivir por la ignorancia de UNA persona.
Un pequeño con Síndrome de Down no es menos que un anciano con diabetes o que el mismo doctor. Merece tal como cualquier otra persona el acceso a los tratamientos correspondientes.
La vida de los pacientes con Síndrome de Down no tiene por qué ser diferente si se le dan las posibilidades para que se desarrolle normalmente, en un ambiente estimulante y feliz. Acepto que probablemente no pueda alcanzar las mismas metas que una persona con un CI superior, pero no me parece que eso sea una causa que ponga en jaque su calidad de vida, ya que sus objetivos pueden ser otros y sentirse realizado una vez que logrados.
Pienso igual que la America, ni siquiera es discutible si los niños con Sd. de Down tienen o no tienen derechos, es obvio que los tienen; y me parece inaceptable, a pesar de la época en que ocurrió este caso, que en un país desarrollado como Estados Unidos hayan dejado morir a un niño solo por tener una atresia esofágica.
Qué impactante caso... creo que debemos aprender de eso, más que la discusión sobre si los discapacitados o si poseen alguna malformación tienen los mismos derechos o no que el resto (sería muy raro y triste que alguien dijera lo contrario) a que las palabras de los médicos pueden llevar a graves consecuencias como éstas. Por lo que entendí el médico minimizó el éxito de la cirugía tratando de persuadir con una información errónea y que seguramente se basó en sus creencias o falta de conocimiento respecto a la calidad de vida que tendría este niño. Con estos casos más creo que hay que tomar conciencia de lo que estamos estudiando y que debemos informarnos bien por nuestro bien y el de la sociedad, para actuar bien desde el punto técnico como ético.
A modo de introducción para los lectores, los niños conocidos como “Baby Doe”, se originan a partir de un caso muy bullado en Estados Unidos. En el año 1982 nació un niño con Síndrome de Down, fístula traqueo-esofágica y atresia esofágica, cuya operación oportuna tenía un 90% de probabilidad de éxito.
ResponderEliminarEl obstetra a cargo, al momento de hablar con los padres, minimizó el éxito de la cirugía e hizo énfasis en los problemas asociados al Síndrome de Down y cómo su calidad de vida era deplorable, por lo que los padres decidieron no permitir la operación.
El hospital y los pediatras no estuvieron de acuerdo, e iniciaron un proceso legal para quitarle el derecho de elección de tratamiento a los padres. Tras varios fallos a favor de los padres y sus correspondientes apelaciones, el niño muere a los seis días de vida.
Finalmente, y a raíz de este caso, se dictaminó que es ilegal y discriminatorio suspender la alimentación o el soporte médico de pacientes nacidos discapacitados. Este mandato se basó, curiosamente, en un acata del año 1973, en la que se dice que “ningún individuo calificado como discapacitado debería, sólo por la razón de su discapacidad, ser excluido de participar, prescindir de beneficios, o ser sujeto de discriminación en cualquier programa o actividad que reciba asistencia financiera federal”.
En el año 1984 se aprueba la ley “The Baby Doe Rules”, que condena como abuso y negligencia, más que como discriminación, la no aplicación del tratamiento médico indicado a un niño, cualquiera sea su condición, salvo en los casos de coma irreversible, inutilidad del propio tratamiento o cuando su aplicación sólo postergue indebidamente la muerte.
Pienso que lo que aquí ocurrido es un delito por donde se mire, es decir, el niño ya había nacido, por lo tanto era persona desde el punto de vista legal (imagino que esa ley es compartida con Estados Unidos y no estoy diciendo que antes de nacer hubiese estado bien el no tratar), y se le negó la posibilidad de vivir por la ignorancia de UNA persona.
ResponderEliminarUn pequeño con Síndrome de Down no es menos que un anciano con diabetes o que el mismo doctor. Merece tal como cualquier otra persona el acceso a los tratamientos correspondientes.
La vida de los pacientes con Síndrome de Down no tiene por qué ser diferente si se le dan las posibilidades para que se desarrolle normalmente, en un ambiente estimulante y feliz. Acepto que probablemente no pueda alcanzar las mismas metas que una persona con un CI superior, pero no me parece que eso sea una causa que ponga en jaque su calidad de vida, ya que sus objetivos pueden ser otros y sentirse realizado una vez que logrados.
Pienso igual que la America, ni siquiera es discutible si los niños con Sd. de Down tienen o no tienen derechos, es obvio que los tienen; y me parece inaceptable, a pesar de la época en que ocurrió este caso, que en un país desarrollado como Estados Unidos hayan dejado morir a un niño solo por tener una atresia esofágica.
ResponderEliminarQué impactante caso... creo que debemos aprender de eso, más que la discusión sobre si los discapacitados o si poseen alguna malformación tienen los mismos derechos o no que el resto (sería muy raro y triste que alguien dijera lo contrario) a que las palabras de los médicos pueden llevar a graves consecuencias como éstas. Por lo que entendí el médico minimizó el éxito de la cirugía tratando de persuadir con una información errónea y que seguramente se basó en sus creencias o falta de conocimiento respecto a la calidad de vida que tendría este niño. Con estos casos más creo que hay que tomar conciencia de lo que estamos estudiando y que debemos informarnos bien por nuestro bien y el de la sociedad, para actuar bien desde el punto técnico como ético.
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